lunes, 13 de febrero de 2017

EL SÓTANO DE LAS GOLONDRINAS. CRÓNICA DE UN SUEÑO REALIZADO.



Creer es crear, y después de mucho tiempo pensando en bajar al Sótano de la Golondrinas en México, he conseguido realizar mi sueño. 

El acceso al sótano está muy regulado, ya que está en un parque natural y también, porque se abusó mucho en el pasado de esta zona y no se respetó convenientemente el hábitat de los vencejos que pernoctan dentro de la cavidad. En la actualidad, la comunidad de Tamapatz, que habita en el Parque Nacional, es la que se encarga de dar permisos, cobrar entrada y regular el acceso, que depende fundamentalmente de que todos los pájaros salgan por la mañana. El descenso se debe hacer mientras los animales están fuera y todo el mundo debe de estar arriba de vuelta antes de que los pájaros regresen para a meterse de nuevo en la cavidad al caer la tarde. En los días en que, por que esté lloviendo u otro motivos no salgan los todos los pájaros, se deniega el acceso al sótano.
Hay una empresa local que es la que organiza la bajada. Tanto a Elena como a mí nos ha dado la impresión que sólo es esta empresa la que lo hace, dirigida por un tipo realmente cualificado, que es además el que acompaña en el descenso y cuenta con el equipo necesario. Se puede bajar con un Rack, ellos le llama la Marimba, y la subida se realiza fácilmente con unos equipos fantásticos registrados como Pangaea, que bien se merecen un artículo independiente. 
Llegamos al sótano a las 6 de la mañana, todavía oscuro. En seguida empezaron a salir los vencejos en círculos ascendentes (golondrinas no hay ninguna). La avifauna dominante son los vencejos de cuello blanco y los halcones peregrinos. En verano también hay loritos. Los halcones son los depredadores de los vencejos pero los cazan en vuelo, en el Sótano viven en paz. Es todo un gozo observar la salida de miles de pájaros durante casi una hora. 
Cuando salieron todas las aves y los de la comunidad lo autorizaron, pudimos descender. Hubo otras personas sin ninguna experiencia en descensos que también bajaron y subieron ese día a fuerza de brazos del equipo de unas 12 personas que trabajan en el equipo, subiendo y bajando a quien lo desee o, para rescatar, en caso que uno se desfonde. ¡Todo incluido en el precio!

El sótano es un abismo de 376 metros totalmente vertical y con forma de tronco de cono. La entrada es circular con un diámetro de 60 metros y luego se ensancha hasta llegar a 300 metros.  Perdí la noción del tiempo en el momento que me anclé a la cuerda, lo que al principio eran manchas planas fueron adquiriendo dimensión, y los colores se definieron. El musgo cubría casi todas las rocas. El suelo, muy blando, varía entre el negro y los tonos rojizos. En el fondo, estuvimos caminando y explorando todos los recovecos. Las montañas de excrementos nos indicaban donde anidan los vencejos. El aire era denso pero muy fresco y no se percibían olores especialmente intensos, y sin notarlo pasarmos casi tres horas abajo. Observábamos la boca y como entraba la luz e iluminaba todo, sin necesitad de usar luz artificial. Simplemente grandioso.

Teníamos que estar todos fuera a las 3 de la tarde, ya que era la hora en la que empiezan a entrar las aves otra vez. Para el ascenso usamos el sistema Pangaea.  En 40 minutos conseguimos subir los 370 m. y con un gasto de energía muy inferior al necesario cuando se usa el sistema clásico de un puño y pedaleta doble anclada al puño o pedaleta y pantín.

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